Cuando
un alma bondadosa torna en una que ha sucumbida al pecado, los demonios se
presentan para invadir el cuerpo, la mente y el espíritu: penumbra celestial.
Las religiones dan lecciones a través de parábolas que
reflejan la bondad y el amor por el prójimo y por uno mismo, pero cuando el
creyente se inclina por una vida pecaminosa, llena de sentimientos que lo
aíslan de la dicha celestial, los demonios comienzan a realizar su trabajo en
el alma de aquél que ha decidido alegar a favor del pecado. Estas entidades son
representadas como malignas e indeseables siempre dentro de un paradigma
maniqueo, sin embrago, en muchos casos son el resultado de una compleja combinación
de un orden cósmico mitológico. Tan necesarias para la trama divina como las
entidades luminosas (algunas de las cuales se transforman en demonios, según la
creencia dominante y la agenda política).
Dybbuk
Encontrado en el folclore judío, este demonio es el
espíritu de un pecador que, al no haber decidido permanecer en el inframundo,
optó por penetrar en el cuerpo y alma de una persona. Algunos casos documentan
que para liberar a un poseído de Dybbuk, es necesario que un rabino ortodoxo se
arriesgue a liberar al alma en cuestión.
Nephilim